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Los prodigios de la IA en la publicidad o cómo ganar todos los «pitches» con Midjourney

A la hora de tirarse a la piscina de la IA en la industria de la publicidad hay que ser raudo y veloz, iterar y experimentar de manera constante

Cada semana emergen del fecundo vientre de la IA más de mil herramientas de nueva hornada. Y herramientas como ChatGPT o Midjourney que ya están fuertemente apalancadas en el día a día laboral de millones de personas a lo largo y ancho de todo el globo se descuelgan con portentosas actualizaciones prácticamente todas las semanas.

La IA se desarrolla a un ritmo tan absolutamente trepidante que seguirle el ritmo se troca a menudo en una misión imposible. Razón de más para que los comportamientos emanados de la tecnología de moda sean tan dementes. El denominado «ciclo de sobreexpectación» alumbrado en su día por Gartner para explicar las diferentes fases por las que transitan las innovaciones tecnológicas se aplica a la perfección a la IA.

La primera de esas fases es el lanzamiento, a continuación se produce un pico de expectativas sobredimensionadas, después la tecnología se precipita en el denominado abismo de desilusión para remontar luego mediante la rampa de consolidación y adentrarse ulteriormente en la quinta y última etapa: la meseta de productividad.

El «ciclo de sobreexpectación» no es nuevo en modo ajeno a la IA, que lleva entre nosotros mucho más tiempo de lo que parece a bote pronto. Esta tecnología salió del cascarón allá por los año 50 de la mano Alan Turing. En los años 70 la IA recibió un nuevo espaldarazo de la mano de Gordon Moore y su famosa ley de Moore (según la cual, cada dos años se duplica la capacidad de computación). Y en los 90 la IA estuvo de nuevo en la cresta de la ola cuando la computadora Deep Blue se anotó la fenomenal gesta de vencer al entonces campeón del mundo de ajedrez Gary Kaspárov.

Tras pasar por las distintas fases que se dan cita en el «ciclo de sobreexpectación», la IA parece haber arribado a la última etapa: la meseta de productividad. Prueba de que hemos alcanzado definitivamente esta fase es que Microsoft se dispone a integrar la IA en todas sus aplicaciones de Office (y esta tecnología se ha abierto ya paso en Google Docs).

La IA es la innovación más importante tras la entrada en escena de internet

Llegada a la meseta de productividad, la IA tiene la capacidad de cambiar radicalmente el universo laboral. Con ella a su vera, quienes se desempeñan profesionalmente en el universo de la creatividad pueden vencer, por ejemplo, los temidos bloqueos creativos y alumbrar resultados (provisionales, eso sí) en apenas unos segundos en lugar de horas o días.

Navegar por el vasto y caudaloso océano de la innovación en el ramo de la IA no es, de todos modos, fácil. Y para evitar el naufragio conviene aferrarse a útiles salvavidas como AI Tool Directory o Future Tools (porque ahí fuera hay literalmente una aplicación de IA para casi todo).

Es cierto, no obstante, que muchas de esas herramientas son hoy por hoy meros prototipos y que de la euforia dan paso a la desilusión con pasmosa facilidad. Conviene, de todos modos, ser abiertos de mente y experimentar con las herramientas nacidas al calor de la inteligencia artificial. La mayor parte de ellas son, al fin y al cabo, gratis. Y tan pronto como demuestran ofrecer de verdad valor añadido al usuario apuestan por modelos «freemium» (ChatGPT y Midjourney, por ejemplo).

Apoyándose en la IA tiene especialmente mucho que ganar la industria publicitaria. «Hemos ganado todos los últimos ‘pitches’ y proyectos gracias a Midjourney y ChatGPT», aseguran André Hennen y Henning Westerwelle, de la agencia digital Curious Company, en un artículo publicado en Horizont. «Hemos podido, por ejemplo, crear ‘moodboards’ originales y extraordinariamente precisos hasta en las fases más primigenias del concepto. A diferencia de lo que sucede con los ‘moodboards’ clásicos, que muestran cosas que ya existen y donde tienes pensar en el paso final por ti mismo, en los ‘moodboards’ alumbrados por la IA todo se genera de manera automática de principio a fin», recalcan.

A la hora de tirarse a la piscina de la IA hay que ser raudo y veloz, iterar y experimentar de manera constante. «Después de solo unas horas o apenas unos minutos trabajando con la IA puedes generar los primeros resultados de manera tan tangible como perfectamente presentable. Es posible así dejar atrás el trabajo más tedioso y manual y dar paso al pensamiento y la creatividad en estado puro«, recalcan Hennen y Westerwelle

Para sacar todo su jugo a la IA hay, no obstante, que atreverse a cambiar de mentalidad. Las agencias deben pertrecharse de nuevos procesos para extraer todo su potencial a esta tecnología. La IA alberga en sus entrañas tantos prodigios como potenciales peligros, pero conviene en todo caso recordar que para funcionar adecuadamente esta tecnología necesita apoyarse en el conocimiento de personas de carne y hueso. Son ellas las que gobiernan, al fin y al cabo, esta tecnología y de ellas dependerá el éxito o el fracaso de la IA, que es probablemente el invento más trascendental para la humanidad desde que internet eclosionara en los años 90.

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